El Cultivo de la Conciencia


El cultivo de la conciencia es una cuestión muy difícil de explicar en solo unas líneas sin producir contrariedad y a la vez afinidad. He hecho un esfuerzo por intentar hacerlo de un modo ameno y sencillo aunque siendo consciente de su complejidad:

en primer lugar porque es una cuestión que abre un inmenso campo a la especulación.

En segundo lugar porque se hace necesario un lenguaje llano que aterrice en la realidad del agricultor.

Y en tercer lugar porque aún siendo el alma regeneradora de la nueva agricultura la conciencia no ha sido suficiente-mente tomada en cuenta.

De entre todos los caminos posibles para transitar por la conciencia yo personalmente me quedo con la visión holística ¿Por qué? Básicamente por tres razones:

  1. La imparcialidad
  2. La síntesis
  3. La unidad o idea del todo

Todos los indicios indican un resurgir de la conciencia desde todos los lugares del mundo y muy especialmente desde el nuevo paradigma de la agricultura.

El agricultor está recuperando su memoria y su conciencia, la misma que dio origen al lenguaje, a la familia, a la sabiduría, a la ciencia o a la medicina. ¿En qué derivó todo esto? ¿Cómo fue su origen? ¿Cómo llegó a debilitarse hasta perderse?¿Y cómo se preservó de la inconsciencia?

Estas son cuestiones en las que me esforzaré con tesón en  compartir contigo una realidad que crece, con los mismos argumentos y lenguaje con el que el agricultor cultiva su entorno, sus relaciones y a sí mismo.

la conciencia cultivo

Toda la creación existe en ti y todo lo que hay en ti existe también en la Creación. No hay divisoria entre tú y un objeto que esté muy cerca de ti, como tampoco hay distancia entre tú y los objetos lejanos. Todas las cosas, las más pequeñas y las más grandes, las más bajas y las más altas, están en ti y son de tu misma condición. Un sólo átomo contiene todos los elementos de la tierra. Un sólo movimiento del espíritu contiene todas las leyes de la vida. En una sola gota de agua se encuentra el secreto del inmenso océano. Una sola manifestación de ti contiene todas las manifestaciones de la vida.

Kahil Gibran

 

La conciencia perdida

La agricultura es el origen… de todo: de la cultura, del lenguaje, de las creencias, de la astrología y la medicina, de la arquitectura y del arte. Los primeros seres humanos que observaron la naturaleza tuvieron que  aprender de ella por necesidad.

Desarrollaron grandes capacidades sensoriales y perceptivas dada la estrecha conexión con el medio ambiente, y los mitos y los símbolos -que aún permanecen en el inconsciente colectivo-representan códigos no solo éticos y morales, o de conducta, sino un conocimiento muy profundo acerca del funcionamiento de la vida y del conocimiento de sí mismos, descubrieron que había un inmenso  territorio interior por descubrir (el Yo) ,más allá del ego y su visión aparente del mundo.

Todo este reducto fue aportado a lo que se conoce como tradición o filosofía perenne en forma de legado transmitido durante generaciones para preservar el futuro.

El fin último en que coinciden infinidad de culturas herederas de estos orígenes es que el ser humano es una esperanza para el planeta, el mundo, y el mismo universo. Claro que una esperanza expuesta a perderse.

Con la socialización y la identificación con el mundo físico aquellos seres instintivos abandonaron su conexión con el medio para fundirse finalmente en las muchedumbres.

Todo lo que vino después de esta era instintiva fue una reinterpretación banal de la naturaleza que también se tomó por carnal.

El instinto pasó a ser pecaminoso y se impuso la moral impuesta. Las creencias pasaron a ser doctrinas que se radicalizaron y las frentes miraron al cielo en busca de un sentido que ya no les aportaba el mundo físico.

Nuestras mentes se estrecharon tanto que  la conciencia se tornó dual y angosta, tanto que solo podía distinguir entre lo que es malo y lo que es  bueno.

La era intelectual trajo consigo la liberación del credo pero a cambio de un racionalismo feroz. Ahora el credo era la ciencia que exigía no creer sin ver y tocar, o medir y calcular.

Las creencias y las doctrinas  fueron siendo sustituidas por teorías e hipótesis que se convirtieron en dogmas que aún continúan adoctrinando para la mecánica del mundo en las escuelas y universidades.

El racionalismo, el mecanicismo, el positivismo, el reduccionismo estrecharon nuestras mentes limitando nuestras capacidades analógicas y holísticas.

De un tiempo a hoy  la agricultura ha ido perdiendo su identidad y su  autenticidad  de origen. El agricultor ha dejado de cultivarse hasta olvidar que es transmisor de la cultura de la vida ( cultura viene de cultivo), y ha vendido su soberanía para ser un simple fabricante de comida, sin memoria y sin conciencia de sí mismo y el entorno.

Los conocimientos heredados desde el origen de la humanidad y diluidos en la  tradiciones fueron olvidados, y el patrimonio de aquel legado fue sustituido por el encantamiento de una vida líquida y leve, sin garantía del mañana, asentada en el adocenismo,  la conformidad y la dependencia.

La agricultura lo aportó todo al conocimiento de la conciencia pero la inconsciencia ganó el pulso a la evolución. Tal como dice Pino Aprile en su “elogio del imbécil”, la imbecilidad ganó a la inteligencia en la evolución.

El emerger del agricultor es el emerger de la conciencia

Siempre ha habido reductos de sabiduría, pequeñas minorías que han guardado celosamente todo un caudal de conocimientos vinculados con la tierra y el cultivo de la vida. La conciencia no está aún perdida, y el agricultor es un depositario.

Hoy hay un emerger de la auténtica agricultura con toda su memoria de conocimientos y experiencias y de códigos aún no decodificados .

Es una revolución silenciosa y resonante que despierta a otras conciencias alcanzando la inquietud y la necesidad de regeneración y cambio de jóvenes y ancianos, de mujeres y hombres, de familias y niños, de comunidades de personas hermanadas.

Son personas que aspiran a ser soberanas de sus vidas y proyectos, que se suman a un oficio humilde y generoso, que es ciencia y que es al tiempo una  filosofía ética de vida.

El movimiento se extiende al margen del estado de cosas, sorteando entre el bien común y las reglas del capital, entre el escrúpulo y la rapiña, entre la riqueza o el expolio.

Si la conciencia es consciencia de sí mismo y el entorno, el buen agricultor está muy muy cerca de sentirla y experimentarla. Digo muy cerca porque la conciencia expandida va  más allá de una conciencia básica.

La conciencia, cuanto más elevada más eleva nuestro nivel de ser. Habita en nuestro ser profundo como habita en los confines del universo, porque conciencia es el Todo.

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El cultivo del entorno

El primer hábitat que cultivamos no es sólo nuestro huerto o el jardín, sino la bio-diversidad, un entorno permacultural que es el Todo de la Naturaleza.

Este diseño incluye toda la vida desde lo mineral a lo microbiano, desde los insectos a las plantas, los animales y las personas incluidas todas las formas de energía, todos estamos incluidos y no existe nada separado.

El cultivo del entorno requiere de conocimientos y experiencias y cómo no, de una conciencia sensible y receptiva a los principios y leyes que rigen la vida.

Desde los albores del tiempo la filosofía perenne nos recuerda en forma de legado que la naturaleza enseña, de ella aprendemos a cultivar y si la contemplamos ensanchando la mente comprobaremos que la vida se sostiene en leyes permanentes.

Los cono-cimientos que adquiramos de ella nos revelarán las claves para comprender la vida y su funcionamiento.

La naturaleza es holística, cuando hablamos de bio-fertilidad imitamos su fecundidad, cuando hablamos de control biológico imitamos su forma de atraer o repeler, cuando hablamos de alimentos imitamos su funcionamiento trofológico, cuando hablamos del hábitat imitamos sus ecosistemas.

El entorno es pues, la escuela del buen agricultor y éste es tan sólo un alumno fiel y despierto.

El cultivo de las relaciones humanas

El origen de las relaciones humanas es el origen de la agricultura, en un principio todo giraba alrededor del alimento y el fuego, luego surgieron otras fuentes de alimento más elevado: el alimento de las emociones, el alimento de los pensamientos, el alimento de los sentimientos etc

El cultivo giraba alrededor de las relaciones humanas y la cultura nació del cultivo.

Generalmente se considera el origen de las comunidades humanas como un tiempo de seres salvajes y primitivos pero eso no es nada cierto.

Y si fuera así la naturaleza humana no ha variado mucho desde entonces sólo hay que ver al mundo que llaman “civilizado” cómo ambiciona el poder, el monopolio, cómo negocia con la vida, cómo se sirve del consumo y cómo hace la guerra.

Si dejamos atrás cualquier pre-juicio observaremos en las comunidades indígenas valores éticos y morales y un respeto hacia el hábitat que el mundo moderno ha perdido.

El cultivo de las relaciones humanas se sostiene en principios de actitud y valores. Y éstos más que en razones lo hace en emociones como la empatía, el afecto, los sentimientos de amor y respeto.

La naturaleza humana está en un proceso de lucha de opuestos alimentando regiones de sombra habitadas por zonas erróneas y sus complejos. Ésto no se resuelve viviendo hacia afuera, en la superficie del mundo físico, sino en nuestro interior.

Esforzándonos en comprender las propias sombras descubriremos las sombras de los otros. En la vida todo son relaciones, la unidad es un conjunto diverso y cada persona es un pequeño todo que deja de ser un fragmento cuando descubre que su alma es el alma de todos.

Al relacionarnos y compartir crecemos, al aislarnos empequeñecemos, porque necesitamos del otro para aprender a conocernos.

El cultivo de sí mismo

El diseño más inteligente que existe es el de la naturaleza y nosotros estamos dentro. Nosotros también requerimos de un diseño no sólo inteligente también consciente, dentro de nosotros al igual que en la naturaleza hay un cielo y una tierra, zonas cultivadas y zonas en el abandono, zonas descubiertas y zonas inexploradas.

Esa es nuestra permacultura 00, nuestra transición interior por la Zona 00, y la primera que deberíamos empezar a diseñar.

Dentro de cada persona hay una bio-diversidad, desde los micro-organismos intestinales a las redes neuronales todo funciona en base a una armonía sistémica regida por el cerebro y el sistema neuroespinal, regulada por glándulas a las órdenes de un cerebro que es al tiempo emocional, instintivo e intelectual.

La mente no está sólo sobre los hombros o detrás de la frente sino en todo nuestro ser, en el ser de la naturaleza, en el ser del planeta, en el ser del universo porque todo es un SER.

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El cultivo del YO no es el cultivo del ego

Aviso a navegantes, este es el punto más corto… pero el más “crudo” de todos.

El cultivo del YO no es el cultivo del ego, así como el cultivo del YO no es el cultivo del “yo”. El YO es el producto de una unidad interna y armónica, el resultado de un trabajo interior. El ego es la imagen que proyectamos de lo que creemos ser y queremos que vean los demás, es la personalidad.

El ego busca, necesita, estar y tener en el mundo exterior, se relaciona con las cosas de la naturaleza; mientras que el YO habita en la naturaleza de las cosas.

Sin embargo, el ego es tan necesario como la esencia, ya que necesitamos de ambos tanto para crecer exteriormente como interiormente.

La combinación de ego y esencia actuando en armonía es nuestro SER, aquí están las mejores semillas, no es fácil pero tampoco es imposible.

Una conciencia colectiva

A veces se dice hasta la saciedad que la unión hace la fuerza ¿Pero la fuerza para qué?¿Y qué tipo de fuerza?

Es habitual en las relaciones colectivas o cooperativas que las fuerzas acaben chocando porque tras una buena voluntad existen individualidades con intereses personales, no hay nada malo en eso salvo que esos intereses respondan a modos diferentes de ver el mundo.

Cada persona tiene una contradicción interna, en un ego la contradicción es constante, en el yo la contradicción no existe. En un colectivo la integridad es esencial porque sirve de centro de gravedad a cualquier propósito.

Si las personas funcionan como fragmentos dispersos en vez de como componentes en unidad, ésta se fragmentará y perderá sus vínculos y su nexo.

Existen modos de conciliar un colectivo con el fin de que trabajen como un todo indivisible, si éste existe se establecerá un centro magnético capaz de generar fuerzas potencial-mente creativas y capaz de repeler fuerzas inútiles y conflictivas.

Cualquier colectivo debería fundamentarse en la integridad, las personas maduras, coherentes y con criterio siempre formarán un núcleo unido y permanente, esos son los mejores agricultores para el cultivo de un colectivo.

Tenemos la oportunidad  de integrarnos en la conciencia del planeta. El tiempo de cultivo empieza a dar cosecha, son semillas por todo el mundo que brotan con la luz del cambio dispuestas a dar nuevos frutos que iluminarán nuevas conciencias.

Hoy es el momento de hacer y difundir los semilleros que regarán de riqueza un mundo nuevo, sólo hay que dar el paso.

Como conclusión.

Todo es analogía, como decía Lao Tse “Así como es arriba es abajo”. Sólo me queda desearte que cultives, cultives y cultives, te llenes de alimento y lo compartas!

Un abrazo

Tato

Tato Peña
Cofundador de AGRhumus. Armonólogo formado en la Escuela de Sistemas y Ecología Profunda con más de 30 años de experiencia en agricultura orgánica, permacultura y sistemas integrados.

Desde 1985 impulso proyectos de desarrollo rural en colaboración con Cooperación Española, Universidades Internacionales y Ministerios Agrícolas.

Profesor de Filosofía Holística desde 1989 y presidente de la Asociación Internacional de Investigación y Divulgación Holística, donde desde 2009 desarrollamos modelos de Ecoxistencia y Laboratorios de Vida.

Ideólogo e impulsor de la Agroecología Integrativa como modelo de transición, económico, medioambiental y eco-social.
Tato Peña on Facebook

4 comentarios en “El Cultivo de la Conciencia

  • Buen articulo,
    No se si habras leido estos libros de Masanobu Fukuoka, No tienen derechos de autor por lo que son muy faciles de descargar en internet, lo siento pero aunque en español no los he buscado seguro que te seran facil de conseguir gratuitamente.
    The One-Straw Revolution: An Introduction to Natural Farming – 1978
    The Road Back to Nature: Regaining the Paradise Lost – 1985
    The Natural Way of Farming: The Theory and Practice of Green Philisophy – 1987
    Estos son los libros que ocuparan el centro de gravedad de mi proyecto.
    ¡Animo!

    • Gracias Holonauta.

      Siempre tendremos en cuenta a Fukuoka y a raíz de tu aportación desarrollaremos un tema centrado en su pensamiento que ha servido de filosofía a la permacultura.

      Coméntanos aquello que consideras de interés y cómo éstas encajan en tu experiencia y proyecto. Estaremos atentos.

      Un abrazo

  • Excelente repaso a la evolución humana, coincido plenamente en la distinción entre el Ego materialista y el YO desprendido de la personalidad que lo atenazaba.
    Soy urbanita de toda la vida pero eso no me impide relacionar la agricultura y, en general, diferentes modos de vivir en contacto con la naturaleza, como los ambientes más propicios para la experimentación y el crecimiento anímicos de todos nosotros.
    En cuanto vuelva a España (llevo diez años en el extranjero y en diciembre vuelvo) me pondré manos a la obra con mi propio proyecto muy en línea con el ideario aquí relatado. Será un placer estar en contacto con vosotros.

    Hasta pronto y un abrazo.
    Salvador Sánchez

    • Valoramos mucho que hayas escrito precisamente en este artículo del “cultivo de la Conciencia”.

      Porque para nosotros es la esencia misma de los cambios que puedan ser cambios de verdad. Te deseamos mucha suerte con tu proyecto, esperamos conocerte, encontrarnos y aquí estamos para lo que necesites y podamos aportar.

      Mantennos informados y cultivados! Un abrazo fuerte Salvador.
      Tato&Patri

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